FIB 2005 (viernes)

Se la habrán comido, bramó mi señora madre al saber que el último lunes antes del FIB seguía sin respuesta a la solicitud de acreditación - como el lomo que te envié en Navidades, sinvergüenzas, que son unos sinvergüenzas. Había renunciado a explicarle lo poco apetitoso que resultaría un sobre con fotocopias al personal del Royal Mail, por mal paladar que tuvieran. ¿Ésos? ¿Pero no ves que no comen nada más que pastel de riñones y guarradas? Unos cerdos y unos borrachos, eso es lo que son, tú vuélvete a casa bonito mío que estás muy delgado - desde mi exilio británico las conversaciones con ella siguen un patrón circular - anda cómete otra tortilla, hazlo por mamá.

No era tan terrible quedarse en casa teniendo en cuenta que mi hermana, una fan acérrima de Beyoncé y Alex Sanz, había comprado el abono para acompañar una amiguita aficionada a Keane y Deluxe y mi madre, creyendo que la niña se le marchaba a Kosovo, pretendía enviarme de casco azul. Hijo a ver si les va a pasar algo por ir solas, lo mismo se les meten en la tienda y las violan - que no mamá, que son pacíficos pero no venderán drogas ¿verdad? Ah, los punkis, a ellos sí que iba a echarlos de menos. Cuando me tumbé en el sillón para dormir una plácida siesta al arrullo de Sabor a Ti lo último que esperaba era despertar en el cálido regazo de los Morán. Pero el email esperaba ya en mi bandeja de entrada.

Viernes

Qué coño, The Cure y Dinosaur Jr. bien valían el viaje, y en el fondo la expedición de mi hermana garantizaba un terruño donde luxarme la columna con total comodidad después de los conciertos. Sí, tenía ganas de ir, y no iba a guardármelas por tener que hacerlo solo (a todo el mundo le parece una excusa válida para masturbarse, no veo por qué deja de serlo para un festival). Con una toalla, cuatro camisetas, cuaderno Centavro y el ánimo más intrépido de la prensa musical ibérica por único equipaje me eché a la carretera en el primer AutoRes del viernes.

Tengo la impresión de que cada vez que subo en un medio de transporte se activa una sirena en el almacén central de subnormales, desde donde envían urgentemente un comando. En este caso se trató de una pandilla de mamarrachos capitaneada por un deficiente mental de estética neo-Almodóvar (a saber, clásico primate barrigudo con cresta y camiseta de tirantes que se anuda unos vaqueros gastados del H&M a mitad del culo con el inevitable cinturón de tachuelas). Él y su séquito celebraron con todo tipo chascarrillos una casete de gasolinera con el más infame bakalao de discoteca de polígono industrial con que el gentil autobusero nos obsequió durante dos horas, hasta que los retrasados mentales emergieron a traición del fondo del vehículo blandiendo un cd portátil que chorreaba imbecilidad y vaselina y sisearon al conductor ‘nozzs puedezzzss ponner algo de muzzssiica‘. Decidí que antes de que el hombre claudicase a un grandes éxitos de Fangoria o cualquier otra basura electrosubnormal me rajaría las muñecas con las llaves, que eran lo más cortante que tenía a mano, pero afortunadamente llegamos al área de servicio y los ánimos se mantuvieron calmados durante las tres horas que tardamos en llegar a Benicàssim. Tiré la toalla en la tienda de campaña de mi hermana, me hice con la acreditación, la coloqué cuidadosamente en medio del abdomen para facilitar su admiración por parte de la plebe e hice entrada triunfal en el recinto durante los últimos minutos del concierto de The Zephyrs. Me dio la impresión de que mejoraron algo cambiando del escenario verde (FIB’03) a una carpa pero en cualquier caso voy a tener que aceptar que no encajan bien con el FIB.

Cambié de invernadero para ver a La Habitación Roja adjudicarse el primer lleno del festival, se nota que pese al colectivo ‘vamos a cargarnos a LHR, que son famosos y no molan’ Nuevos Tiempos ha gustado a un público que quiso abrir el festival con ellos. Los valencianos apreciaron el gesto y aunque tampoco estuvieron para mucha pirotecnia sí dejaron al personal más que satisfecho. Debo anotar que el bajista me quedaba oculto tras el gorro de un guiri, es probable perderme sus cabriolas haya influido en la buena impresión que me llevé.

Siguientes, The Kills. No son ni mucho menos los White Stripes o PJ Harvey, y las canciones no siempre están a la altura de los espasmos de VV y la inquietante epilepsia de Hotel, pero la puesta en escena les ayudó a alcanzar esa intensidad que echamos de menos en sus discos consiguiendo un directo bastante apañado. Justo al contrario que Athlete, cuyo primer disco me había dado una impresión bastante decente que ya no lo era tanto hacia el final del concierto, y es que ya es bastante difícil luchar contra la inquietud previa a la rueda de prensa de The Cure, pero si los argumentos están empapados de horchatería Coldplay pues apaga y vámonos.

El retraso de Robert Smith se llevó por delante a Mando Diao y Yo La Tengo, dos de mis mejores apuestas del festival, pero mereció la pena. Prestó muecas y desidia a la sesión de fotos (véanlas aquí) y se sentó a esperar las interesantes preguntas de las más preclaras eminencias periodísticas del país: ‘Qué te pareció salir en South Park‘, ‘¿Han venido tus padres?‘. Ha dicho siempre mi madre que cinco años de carrera se tienen que notar en algo, y se ve que tenía razón. En un éxtasis inspirador creo que llegaron a preguntar una chorrada más vista que el tebeo (que si su música es una mezcla de ira y nosequé), afortunadamente Robert comprendió cómo estaba el panorama y prefirió derivar hacia una torrencial disertación sobre el existencialismo ahorrándonos escuchar más estupideces. Aprovechó además para desvelar que, en un alarde de democracia bananera, el repertorio que la banda había previsto para la velada había sido retocado más a su gusto hacía media hora y sería ‘oscuro’. Sonaba prometedor.

La falta del teclado forzó un sonido mucho más guitarrero y menos atmosférico del que hubiera parecido recomendable para buena parte del repertorio, especialmente temas de los primeros ochenta como One hundred years o M, pero de alguna manera (básicamente porque son la hostia) aquello seguía sonando a gloria. Enmarcadas en Open y End, tocaron viejas maravillas como Disintegration, Fascination street, Lullaby, Play for today, Play for today, At Night, From the edge of the deep green sea, visitas a alguno de sus disco menos conocidos, The Blood, Push de The head on the door, algunas recientes (alt.end o Us or them) y sorprendieron con toques de arqueología discográfica como la cara B Signal to noise. Recé en vano por Charlotte sometimos pero me tocaron (sí, a mí) A letter to Elise y Just like heaven y acertaron dejando para el bis las concesiones a curiosos y fans de grandes éxitos, Friday i’m in love y Boys don’t cry. Es la segunda vez que tocan el viernes y casi volví a salir con la impresión de que el festival había terminado allí mismo.

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Doves fueron las primeras víctimas un caos de horario que alimentó un desastroso libreto con más erratas que letras. Imagino que a quien hubiera pagado los dos euros no le hizo la menor gracia pero como me salió gratis con el pack periodístico (incluía bolsa de playa) pues me ahorré hacer reclamaciones. Digo yo que hubiera sido un detalle meter una cuartilla fotocopiada con las alteraciones de cartel. Sea como sea, ni me enteré de Doves y me largué a dormir al rato de empezar Basement Jaxx porque aparte de ser un coñazo, el tablón de anuncios de la sala de prensa prometía ajetreo para el sábado: su redactor amigo había sido seleccionado para participar en el tradicional partido Prensa vs Artistas.

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